• Miriam Medina

Una reflexión acerca del Becerro de Oro

Actualizado: 22 ago 2021

Antes de la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, el pueblo de Israel cometió un error grave frente al Creador: El becerro de oro. Mientras Moshé recibía todas las instrucciones que debía transmitir al pueblo, los descendientes de Israel pidieron a Aarón un dios:


"Viendo el pueblo que Moshé tardaba en descender del monte, se acercaron a Aarón y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moshé, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto no sabemos qué le haya acontecido".

¿Por qué a pesar de haber sido testigos de tantos milagros pidieron algo tangible sin vida para adorar? Por qué a pesar de haber recibido maná del cielo, agua en medio de un desierto, después de haber presenciado la apertura del mar y ver todo lo que había ocurrido a los egipcios, pidieron "dioses".


La respuesta no es simple, tanto que aún seguimos cometiendo ese mismo error. Los seres humanos buscamos dioses tangibles, profetas que resuelvan la vida con bellas palabras, figuras para danzar alrededor de ellas, sabiduría en lo oculto pero nunca en la fuente correcta.


Lo que representa el becerro de oro es la impaciencia, la incredulidad, la falta de fe, el miedo, la necedad y el pecado.


El becerro de oro no solo es una imagen a la que le dedicaron un gran festín, celebrando que "los había sacado de Egipto", es una afrenta directa al primer mandamiento. Las consecuencias fueron terribles y si no lo creen lean Éxodo 32 completo.


El Dios de Israel, el Dios de Abraham, Isaac y Yacob, el Dios Creador se presentó a sí mismo como Justo y Misericordioso, esa es la razón por la que aún después del becerro de oro, dio una segunda oportunidad al pueblo para recibir la Torá y establecer su pacto.


La celebración al becerro fue una copia de lo que el pueblo de Israel había aprendido en Egipto, pero no esperaron las instrucciones del Dios que los había rescatado, que los había alimentado en el desierto y había saciado su sed. Tal vez había entre el pueblo algunos que sabían que aquello era un error, pero sus voces fueron silenciadas por la mayoría.


Seamos pacientes para recibir las instrucciones correctas, no sigamos a la mayoría por temor especialmente si nuestra conciencia nos dice que algo no es correcto; seamos libres porque El Creador nos ha hecho libres de Egipto y de todo lo que representa.




Fotos: arkdiscovery.com

En las imágenes se muestran los restos del altar donde colocaron el becerro de oro, esta teoría se basa en las imágenes grabadas en las piedras y en la ubicación del mismo, esto es enfrente del "Jewel al Laws" o Monte Sinaí que se encuentra en Arabia Saudita. La tradición ubicaba el Monte Sinaí en la Península del Sinaí, pero esta teoría ha perdido fuerza debido a la evidencia que ha ido surgiendo como estos grabados.

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